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Una llamada perdida, un riesgo para nuestros datos personales

13 de octubre de 2026 Imprimir
Una llamada perdida, un riesgo para nuestros datos personales

¿Quién no ha recibido una llamada de un número desconocido, con una lada extranjera, que suena apenas unos segundos y después desaparece? Lo que parece una simple molestia puede ser el primer paso de un intento de fraude. En la era digital, una llamada no solo busca nuestra atención: también puede ser el medio para intentar obtener nuestro dinero, suplantar nuestra identidad o acceder a nuestra información personal.

Una de estas modalidades se conoce como Wangiri, una palabra japonesa que significa “una llamada y colgar”. El mecanismo es sencillo: los delincuentes realizan una llamada breve desde un número internacional con la intención de despertar nuestra curiosidad y conseguir que devolvamos la llamada. Al hacerlo, podemos exponernos a cargos indebidos o conectarnos con servicios de tarificación especial.

Hoy, los intentos de fraude recurren cada vez más a técnicas de ingeniería social, mediante las cuales los delincuentes se hacen pasar por bancos, empresas, instituciones públicas o incluso familiares. Utilizan mensajes alarmantes sobre cargos no reconocidos, cuentas bloqueadas, trámites pendientes o supuestas emergencias para provocar una reacción inmediata. Buscan que actuemos sin verificar la información, compartamos datos confidenciales o proporcionemos códigos que les permitan acceder a nuestras cuentas.

La inteligencia artificial añade otro factor de riesgo. Ya existen advertencias sobre estafas que utilizan voces clonadas para suplantar a personas conocidas. Escuchar la voz de un familiar que pide ayuda no garantiza que realmente sea esa persona. Por eso, cualquier solicitud urgente de dinero o información debe verificarse por un medio distinto, incluso cuando parezca provenir de alguien de nuestra confianza.

Pero ¿Cómo obtienen los delincuentes nuestros números telefónicos y otros datos personales?

No podemos afirmar que cada llamada sospechosa provenga de una base de datos vulnerada. Sin embargo, las filtraciones de información, la circulación indebida de datos personales, los formularios inseguros y el exceso de información que compartimos pueden facilitar la labor de los delincuentes. Nuestros números telefónicos, nombres, hábitos de consumo y otros datos pueden convertirse en herramientas para identificar posibles víctimas y diseñar engaños cada vez más convincentes.

Por eso, la protección de datos personales no debe entenderse como un asunto técnico reservado a especialistas. Es una condición indispensable para resguardar nuestro patrimonio, nuestra identidad y nuestra seguridad. Cuando una empresa o una institución recopila información, también adquiere la responsabilidad de protegerla adecuadamente, limitar su uso a los fines correspondientes y prevenir accesos indebidos. La confianza de la ciudadanía no sustituye las medidas de seguridad que deben garantizar quienes manejan nuestros datos.

¿Qué podemos hacer? En primer lugar, evitar devolver llamadas internacionales desconocidas cuando no tengamos motivos para esperar ese contacto. En segundo, no proporcionar contraseñas, NIP, datos bancarios ni códigos de verificación por teléfono. También debemos desconfiar de cualquier mensaje que nos exija actuar de inmediato y verificarlo directamente con la institución correspondiente, a través de sus canales oficiales. Asimismo, es recomendable bloquear y reportar los números sospechosos, evitar enlaces de procedencia desconocida y conversar sobre estos riesgos con nuestros familiares, especialmente con niñas, niños y personas mayores.

En México, la CONDUSEF cuenta con herramientas de consulta y orientación para identificar y reportar posibles fraudes financieros y telefónicos. Estas alternativas pueden ayudarnos a prevenir riesgos, aunque ninguna herramienta sustituye la verificación de la información ni las medidas de precaución que debemos adoptar.

No se trata de vivir con miedo ni de desconfiar de toda llamada. Se trata de reconocer el valor de nuestros datos y asumir un papel más activo en su protección. La prevención no depende únicamente de la tecnología o de las autoridades; también requiere información, hábitos responsables y la participación de la ciudadanía.

La prevención comienza con tres acciones sencillas: detenernos antes de actuar, verificar antes de confiar y pensar antes de compartir. Una llamada perdida puede parecer insignificante, pero en un mundo donde la información se ha convertido en un activo de enorme valor, cuidar nuestros datos personales es también proteger nuestra identidad, nuestro patrimonio y nuestra seguridad.

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