De acuerdo con la Asociación Mexicana de Internet, en 2023 hay 96.8 millones de personas que están conectadas a internet en nuestro país, 80.8% de la población de 6 años o más. Además, de acuerdo con este mismo estudio, acceder a redes sociales es el principal uso que le dan los mexicanos al internet (84.8%) y son precisamente en estas redes donde se propaga tanto información fidedigna como las llamadas “fake news” o noticias falsas.
Este problema revela su magnitud si consideramos que un reporte del Instituto Tecnológico de Massachusetts (de 2018) demostró que las noticias falsas son compartidas hasta un 70% más en comparación que aquellas que buscaban informar sobre algún hecho real.
De hecho, es patente el problema de las noticias falsas en nuestro país. De acuerdo con la empresa de consultoría STATISTA, México se posiciona como la tercera nación a nivel mundial que mayor consume este tipo de noticias, lo que se traduce en que cerca del 87% de los mexicanos afirmó haber estado expuesto a alguna clase de noticia engañosa o falsa.
Un ejemplo donde fuimos testigos de noticias falsas fue durante la pandemia por Covid19, periodo en donde surgieron un sinfín de notas que inundaron las redes sociales, replicando falsedades que llegaron a generar pánico y, por consiguiente, desinformación.
En aquel momento yo era Comisionada del Instituto Zacatecano de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (IZAI) y, junto con un gran equipo de trabajo, desmentimos noticias falsas como: que ciertas empresas regalabas cubrebocas; que las antenas 5G transmitían el virus; o que existía una tarjeta de ayuda para personas que tenían covid. En estos y otros casos, a veces se buscaba robar información de las personas o crear pánico social.
Otro caso que se ha dado recientemente de noticias falsas es sobre la guerra que está sucediendo en Israel. Por ejemplo, fuegos artificiales tras un partido de futbol en Argelia se han hecho pasar como bombardeos. Cuestiones similares sucedieron con la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022, donde supuestos videos anuncian la paz entre naciones, lo cual aún no ha sucedido.
De acuerdo con el Doctor Sergio Octavio Contreras, especialista en medios e integrante de mi equipo de trabajo como Director de Promoción en el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), las noticias falsas contienen algunas (o todas) de estas características:
Las historias apelan principalmente al plano emocional; tienen como fuente el anonimato, la denuncia, la filtración o los rumores; las publicaciones tienden a reproducirse primero en redes sociales; presentan títulos llamativos, como el uso de signos de exclamación; en ocasiones contienen enlaces direccionados a una web que aparentan ser medios de comunicación formales; y, finalmente, la información no verificada suele contener imágenes o videos manipulados, o bien, colocados fuera de su contexto original.
Tener acceso a medios y herramientas para conocer información también nos otorga la responsabilidad de verificar los datos que se comparten, pues estos pueden afectar a nuestro entorno más cercano. Por ejemplo, esto puede suceder al creer que falsamente está ocurriendo un fenómeno natural; algún acto vandálico; que existen remedios mágicos para curar enfermedades; o que se están otorgando apoyos y lo único que tienes que hacer es entregar cierta información. Estas situaciones se han presentado como noticias falsas y nos afecta a todas y todos.
Aquí es donde también cobra relevancia el derecho a saber para contrarrestar el fenómeno de la desinformación, pues a mayores datos y acceso a los mismos, la sociedad en su conjunto se encuentra más empoderada para combatir este fenómeno e incluso contrarrestar sus consecuencias.
Desde el INAI hemos emitido recomendaciones que te pueden ayudar a verificar una información falsa: busca la fuente de la información, analízala y utiliza sitios especializados en verificación de hechos.
En nuestro Estado de derecho, autoridades, instituciones, ciudadanía y academia debemos asumir roles activos contra este fenómeno: ser responsables con lo que consumimos y, sobre todo, con la información que compartimos; como servidores públicos, en cualquier nivel, tenemos además la obligación de hacerlo. Una mentira compartida mil veces nunca se vuelve una verdad.
Por último, estamos en una época electoral donde la desinformación circula a nivel nacional y también en Zacatecas. No debemos alentar esta práctica, por el contrario, apoyemos a desmentir. De no hacerlo y compartir noticias falsas, somos cómplices de un daño moral a terceros.

