En medio de una época marcada por tensiones políticas, transformaciones institucionales y una sociedad que exige respuestas, decidí compartir mi testimonio en un libro que lleva por título “Luz en la sombra: Mi camino por la Transparencia y el INAI”. No es solo una memoria personal; es un retrato del trayecto que ha seguido la transparencia en México, de sus batallas, de sus logros y de lo que aún está en juego.
Este libro nace de la convicción profunda de que la transparencia no es un accesorio del poder: es su límite legítimo. El derecho de acceso a la información no es un favor del Estado; es un derecho constitucional, conquistado por la sociedad civil, por periodistas, personas defensoras de derechos humanos y ciudadanos comunes que han demostrado que saber salva vidas.
A lo largo del tiempo he sido testigo de cómo el acceso a la información ha cambiado vidas. Desde personas que descubrieron negligencias médicas en instituciones públicas, hasta colectivos que lograron rastrear el uso indebido de recursos para exigir justicia, el derecho a saber ha sido una herramienta real de transformación.
No son anécdotas aisladas. Son casos documentados donde la información abrió caminos de verdad, reparación y protección. Por eso preocupa, y duele, ver cómo instituciones que garantizan este derecho enfrentan retrocesos o intentos de debilitamiento. Pero también por eso escribo; para dejar constancia de lo que hemos logrado y para defenderlo con memoria.
El proceso de desaparición de los institutos locales ha llegado y se están dando conforme a lo marcado.
Así como tenemos derecho a saber lo que hacen nuestras autoridades, también tenemos derecho a que se respete nuestra privacidad. En Luz en la sombra reflexiono sobre los riesgos que enfrentan nuestros datos personales en un mundo cada vez más digitalizado y vigilado. La protección de los datos es parte del mismo pacto democrático: saber lo público y cuidar lo privado.
En una época donde las redes sociales, las aplicaciones y los sistemas gubernamentales recopilan enormes volúmenes de información sobre cada uno de nosotros, la vigilancia ciudadana debe ir acompañada de una cultura de protección de datos personales. No se trata de retroceder en el acceso, sino de fortalecer su equilibrio.
Hoy México atraviesa un proceso de reforma judicial y de rediseño institucional que, entre otras cosas, pretende modificar la forma en que entendemos la transparencia y su garantía. Aprender nuevos modelos es necesario, pero también debemos tener claro que los derechos no se negocian ni se reinventan desde cero.
La Constitución es clara: el derecho a la información y la protección de los datos personales son garantías fundamentales. No importa cómo se llamen los institutos, ni qué estructuras operen; lo que debe permanecer es la posibilidad de exigir, de saber, de preguntar sin miedo y de proteger nuestra intimidad frente al poder.
Una luz que no debe apagarse
Luz en la sombra es la memoria de un país que avanzó en transparencia, es la advertencia frente al riesgo de volver a la opacidad, y es la invitación a no dejar sola esta lucha. Porque si algo he aprendido en este camino, es que la luz de la transparencia siempre nace de la voluntad ciudadana.
No dejemos que la apaguen.

