Cuando hablamos de la utilidad social del derecho a saber, hablamos de algo muy concreto: de cómo la información pública y la protección de los datos personales impactan directamente en la vida cotidiana de las personas. En México, estos derechos han permitido que miles de ciudadanos pregunten, exijan y comprendan cómo funcionan las instituciones encargadas de servicios tan sensibles como la salud.
El acceso a la información pública permite conocer cómo operan las instituciones sanitarias y exigir mejores servicios, desde el otorgamiento oportuno de citas médicas hasta el surtimiento completo de medicamentos. No se trata solamente de estadísticas o informes administrativos; se trata de entender por qué una consulta puede tardar semanas en programarse, por qué una receta no siempre se surte de manera completa o qué decisiones se están tomando para mejorar la atención médica en el país.
Durante años, la ciudadanía ha encontrado en la Plataforma Nacional de Transparencia una herramienta útil para preguntar a las autoridades sobre información que, por ley, debe ser pública. Esto cobra especial relevancia cuando hablamos de instituciones como el Instituto Mexicano del Seguro Social o el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, responsables de garantizar el acceso a servicios médicos para millones de mexicanas y mexicanos.
Conocer información sobre tiempos de atención, disponibilidad de medicamentos, funcionamiento de clínicas y hospitales, o incluso sobre la planeación del sistema de salud, permite a la sociedad evaluar el desempeño institucional y exigir mejoras. La transparencia, en ese sentido, no es un trámite ni una formalidad administrativa; es una herramienta que ayuda a identificar fallas, visibilizar problemas y promover soluciones.
Hoy, además, el sistema de salud atraviesa una etapa de transformación marcada por la incorporación de herramientas digitales y nuevos procesos administrativos. Entre ellos destaca la credencialización de derechohabientes y la integración de expedientes clínicos electrónicos, medidas que buscan agilizar trámites y mejorar la atención médica.
Sin embargo, estos avances también implican nuevos retos. La digitalización del sistema de salud supone el manejo de grandes volúmenes de información personal, incluyendo datos médicos, administrativos y, en algunos casos, biométricos. Hablamos de información altamente sensible que debe ser resguardada con responsabilidad y bajo estrictos estándares de seguridad.
Por ello, la transparencia y la protección de los datos personales deben caminar juntas. Mientras la ciudadanía tiene derecho a conocer cómo funcionan las instituciones y cómo se utilizan los recursos públicos destinados a la salud, también es fundamental garantizar que la información personal de las y los pacientes se utilice únicamente para fines legítimos y con plena protección.
En el nuevo contexto institucional que vive el país, con ajustes en los mecanismos que garantizan estos derechos, la participación ciudadana sigue siendo fundamental. La transparencia no depende únicamente de las instituciones; también depende de que la sociedad pregunte, participe y se mantenga informada.
Porque detrás de cada cita médica, de cada receta surtida, o pendiente, y de cada trámite en el sistema de salud, hay personas que esperan atención y respuestas. Cuando la ciudadanía pregunta y las instituciones responden con claridad, la transparencia deja de ser un concepto jurídico y se convierte en una herramienta para defender derechos y mejorar la vida pública.

