Hoy, 9 de septiembre, rendimos con profundo respeto, admiración y gratitud un homenaje a quienes llevan el nombre de Zacatecas más allá de nuestras fronteras: a nuestras y nuestros migrantes.
Zacatecas es, sin duda, uno de los estados que más mano de obra ha aportado a los Estados Unidos. Se dice, con razón, que hay tantos zacatecanos allá como acá. Todos, absolutamente todos, tenemos un familiar, un amigo, un vecino o un conocido que vive “del otro lado”.
Nuestros migrantes parten con la esperanza y el corazón lleno de sueños: no solo para mejorar sus propias vidas, sino también para ayudar a sus comunidades, a sus familias y a sus tradiciones.
Ellos no se olvidan de su tierra, la llevan siempre en el alma. Desde allá aportan recursos para construir o mejorar iglesias, fiestas patronales y lienzos charros. Pero, sobre todo, apoyan con obras que impactan la vida diaria: los caminos por donde transitan sus padres, hermanos y vecinos. Esas carreteras rurales y accesos que parecen pequeños, pero transforman vidas.
Hoy más que nunca debemos honrarlos. Pero más allá de las palabras, ellos necesitan hechos: apoyo, esperanza y, sobre todo, que no se les generen falsas expectativas.
La realidad actual es dura. Muchos migrantes enfrentan políticas de expulsión, condiciones de trabajo precarias y un ambiente hostil. Y, sin embargo, siguen trabajando, enviando remesas y creyendo en su estado.
No necesitan becas temporales; necesitan oportunidades reales: trabajo digno, proyectos productivos y condiciones que les permitan regresar y sentirse útiles, valorados y escuchados.
A quienes siguen allá, organizados en clubes y federaciones, les reconocemos el amor profundo por Zacatecas. Ellos son un lazo entrañable que une dos mundos.
Tuve la oportunidad, como Contralora del Estado, de visitarlos y conocer de primera mano sus esfuerzos, pero también sus frustraciones. Recuerdo con claridad cómo algunos se sentían traicionados porque las obras que financiaban con tanto sacrificio no se concluían o no se hacían bien.
No se me olvida un lienzo charro fantasma en un municipio donde los migrantes habían puesto todo su esfuerzo. Ante ese engaño, actuamos: se sancionó al expresidente municipal responsable. Porque no se vale que ellos, allá en Estados Unidos, nos atiendan con generosidad y entrega, y que cuando vienen a Zacatecas no los recibamos con la misma dignidad.
Nuestros migrantes merecen atención, información y, sobre todo, resultados. Porque siguen siendo parte de aquí, aunque estén allá. Porque aunque la distancia los separe, siguen pensando en sus comunidades todos los días.
Zacatecas no se entiende sin sus migrantes. Ellos han hecho caminos, templos, escuelas y hasta sueños posibles.
Son verdaderos líderes de sus pueblos, y su voz tiene calidad moral. No se vale estar pendientes de ellos solo cuando se busca alguna ventaja electoral. Ellos recuerdan a su tierra siempre, más allá de procesos e intereses. Debemos honrarlos de la misma manera y acompañarlos en sus peticiones y anhelos.
Gracias por enseñarnos que el amor por Zacatecas no tiene fronteras.

