La mamá de los pollitos
Por Cecilia Hinojosa
En el gallinero guinda ya comenzaron los cacareos. Apenas arrancó el proceso interno de Morena para el período electoral 2026-2027 en Zacatecas y más de una gallina levantó las plumas para advertir que el corral debe ser parejo para todos los pollitos que buscan convertirse en coordinadores de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación y Soberanía Nacional. Lo que debería ser una competencia ordenada amenaza con convertirse en un alboroto si algunos quieren llegar al maíz antes que los demás.
Recientemente ha circulado un pronunciamiento firmado por diversos liderazgos y militantes de la entidad que enciende las alarmas sobre supuestos favoritismos e intromisiones por parte de algunos funcionarios públicos. La queja es clara y directa: se acusa de violar las reglas de neutralidad emitidas en la convocatoria de Morena.
Lo interesante de este reclamo no es solo la exigencia política en sí, sino su sólida fundamentación jurídica cuando se contrasta directamente con las normas internas del partido. Una revisión minuciosa y rigurosa de los Estatutos de Morena —particularmente en sus artículos referentes a los principios rectores y los procesos electorales internos— confirma que la demanda de la militancia está estrictamente apegada a la legalidad del movimiento. El estatuto prohíbe de manera tajante el uso de recursos públicos, la intervención de estructuras gubernamentales y el corporativismo para beneficiar a cualquier perfil.
Dicho de otra manera, en este gallinero las reglas están escritas desde hace tiempo: ningún pollito puede recibir más granos que otro por intervención del gallo encargado del corral. Si el piso debe ser parejo, también la alimentación política debe ser igual para todos.
La normativa partidista establece de forma inequívoca que la soberanía radica en la militancia y el pueblo, por lo que cualquier acción que altere la libre competencia vulnera la esencia misma con la que fue fundado este proyecto. La convocatoria emitida por el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) refuerza esta postura al prohibir explícitamente que funcionarios de los tres niveles de gobierno, legisladores o dirigentes partidistas realicen actos de apoyo o propaganda. No se trata de una concesión o de un favor; el respeto a estos lineamientos es una obligación institucional obligatoria para mantener la cohesión interna.
Es imperativo precisar que esta legítima exigencia de legalidad no debe confundirse con una confrontación hacia el Ejecutivo estatal. El gobernador David Monreal Ávila ha mantenido una postura de respeto institucional y enfoque en sus tareas de gobierno. El verdadero llamado de atención que hace la militancia no va dirigido a la cabeza del estado, sino a aquellos mandos medios u operadores externos que, de manera aislada y por iniciativa propia, caen en excesos que dañan la credibilidad del proceso.
Porque en todo gallinero siempre hay uno que otro pollo inquieto que cree que puede mover el corral sin permiso de la mamá de los pollitos. Sin embargo, si algo ha dejado claro la militancia es que las reglas deben respetarse para todos, sin gallos favoritos ni gallinas consentidas.
La certeza, la confianza y la unidad del movimiento dependen enteramente de que los órganos reguladores —como la Comisión Nacional de Elecciones y la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia— actúen de manera estricta y oportuna. Para que Morena conserve su autoridad moral de cara al proceso 2026-2027, la ley interna debe cumplirse sin interpretaciones a modo ni excepciones.
El éxito del proyecto en Zacatecas dependerá de que el juego limpio no sea solo un discurso, sino una realidad palpable para cada uno de sus participantes. Porque, al final del día, en este gallinero todos los pollitos deben tener las mismas oportunidades de llegar al nido.
