Para muchas personas, el fútbol es pasión. Es más que un deporte, es un refugio de sueños, un espejo de la esperanza colectiva y un lazo invisible que une corazones, incluso en medio de la adversidad. Para algunos, es un escape. Pero en lugares como Zacatecas, también es una herramienta de paz y reconciliación social.
Hace un año vivimos algo histórico, el primer torneo denominado «La Copa por la Paz». Un cuadrangular que reunió a equipos de talla nacional como las Chivas del Guadalajara, nuestro equipo Mineros de Zacatecas, Cruz Azul y Pachuca. Nuestro estadio vibró como nunca antes. Ahí estuvieron niñas, niños, jóvenes, mujeres, hombres y adultos mayores. Zacatecas entero se encontró en la cancha.
Este torneo no fue casualidad. Fue posible gracias a la sensibilidad del Gobernador del Estado, quien, al conocer el proyecto, entendió lo que podía representar para el tejido social. Detrás de ese sueño estuvo un joven zacatecano talentoso, con corazón de líder: Juan Carlos Enríquez Ávalos.
Juan Carlos jugó en la Primera División del fútbol mexicano, representando con orgullo a Zacatecas en el equipo Santos Laguna de Torreón. Y cuando le confiaron la coordinación del básquetbol hace un par de años, fue todo un éxito, el equipo de Mineros llegó a las etapas finales con un Gimnasio Marcelino González abarrotado por zacatecanos identificados con el equipo.
Como siempre, hubo obstáculos. Gente que se resiste a dejar avanzar a quienes triunfan. ¿Por qué?. Lamentablemente, en lugar de celebrar el logro ajeno como inspiración colectiva, hay quienes, movidos por la envidia o heridas no sanadas, eligen poner el pie en lugar de tender la mano.
Les incomoda el brillo de los demás porque les recuerda su propia oscuridad. Y eso no solo se da en el fútbol, también en la política, en el servicio público, en la vida cotidiana. Pero el éxito auténtico no se detiene ante la mezquindad; sigue adelante, con más fuerza y más verdad.
Juan Carlos no pedía aplausos, solo una oportunidad para mostrar cómo el deporte puede ayudar a gobernar con cercanía y sentido humano. Y cuando me compartió su visión, no dudé ni un segundo en ayudarle a abrir esa puerta con el Gobernador David Monreal.
No hizo falta grilla ni presión. Solo argumentos, visión y verdad. Así se logró.
Hoy, a dos semanas de la segunda Copa por la Paz, me llena de orgullo ver que esta iniciativa no fue solo un evento, sino el nacimiento de una política social que llegó para quedarse, más allá de sexenios.
Lamentablemente, en Zacatecas aún hay quienes creen que el enemigo es otro zacatecano. Pero yo no comparto esa visión. Un zacatecano es oportunidad, es esperanza. Y si puedo hacer algo por uno, lo haré siempre.
Así lo he hecho desde hace 34 años en cualquier posición de responsabilidad que he ejercido en el servicio público. Así lo hice en su momento en mi responsabilidad nacional en el INAI. Así lo hago hoy, y así lo seguiré haciendo. Porque el verdadero liderazgo se demuestra no cerrando puertas, sino ayudando a abrirlas.
Gracias al Gobernador por apostarle a este tipo de eventos y gracias Juan Carlos, por creer en Zacatecas. Y gracias a quienes entienden que la paz también se juega en equipo.


